lunes, 26 de septiembre de 2011

Diario de Campaña de Baalthor Estrellalejana, de la Marca del Este, clérigo de Hendricks (III)

Ya me encuentro saciado y mira que estaba hambriento, la verdad. Ha sido una cena deliciosa, y ahora, para ayudar a digerir, el posadero me ha invitado a un vaso de aguardiente de hierbas... Mientras lo degusto continuaré la narración de nuestra última aventura.

Allí estábamos, rodeados de oscuridad, con la antorcha apagada en el suelo, y con mi espalda casi rota por cuatro sitios... Afortunadamente el acolchado de mi armadura absorbió parte del golpetazo. En verdad, no se puede decir que sea el tipo más ágil de la Marca del Este. Nos levantamos como pudimos, sorprendidos de que semejante jaleo no hubiese levantado la alarma. Supusimos que no habría nadie por allí, hasta que el reflejo de una antorcha se vio a lo lejos. Tres figuras encapuchadas doblaron una esquina y se dirigieron hacia nosotros. No sé si fue la caída, el vino que había bebido un rato antes, un soplo de energía del propio Hendricks o cualquier otra cosa que hubiese pasado por mi mente en esos momentos, pero saqué mi maza, aferré mi escudo y cargué como un loco hacia las tres sombrías figuras mientras pedía ayuda a mi dios con un feroz grito. He de decir, no muy orgulloso de mí mismo, que en el camino perdí mi casco y una de mis grebas, que se habían aflojado tras la caída. Bueno, al menos, no sé si fue por mi grito, o por la visión de alguien de mi tamaño apareciendo de entre las sombras, conseguí descolocar a mis contrincantes y ganarles la iniciativa... El que se encontraba a la derecha de los tres cayó al suelo con la cara desencajada tras el golpe de mi maza. Antes de que el resto lograse reaccionar logré aturdir al que llevaba la antorcha, mientras Rata apareció de entre las sombras y saltó al cuello del tercer encapuchado, el cual no pudo hacer más que caer al suelo con el cuello rebanado de lado a lado. El que llevaba la antorcha, aterrorizado por ver cómo habían perecido sus compañeros, me lanzó una daga y se propuso huir como buenamente pudo. Tuvo suerte, su daga se clavó no muy profundamente en mi hombro, pero Rata, ágil como un gato, le puso la zancadilla y, una vez en el suelo, logró acabar con él.
Caí redondo al suelo, agotado y dolorido, y eso que lo que menos notaba fue el corte del hombro izquierdo. Rata me ayudó a vendarme la herida, y me dio un poco de ungüento curativo que había encontrado por ahí. Noté un alivio inmediato que calmó el dolor y cicatrizó la herida, aunque decidí seguir descansando un rato más. Mientras, Rata cogió la antorcha y comenzó a explorar un par de estancias que se encontraban junto a nosotros. Yo me quedé sentado en la penumbra, descansando y apenas si escuché ningún ruido... incluso me adormilé un poco, y, sin saber cuánto tiempo había pasado dormido, fui despertado por Rata, quien me estaba zarandeando diciéndome: 'Tengo un regalo para ti, despierta, que te va a gustar, corre, ven... mira' Y desapareció tras una puerta que se encontraba frente al pasillo de dónde veníamos. Me levanté como pude, busqué mi casco y mi greba derecha en la oscuridad y me dirigí poco a poco a donde se encontraba mi amigo...

'Tachaaaaaaaan' Me gritó Rata según entré por la puerta, dándome tal susto que mi corazón casi se escapó por la boca... 'Aquí está tu regaloooooo' me dijo señalando la pared del fondo. Allí, colgada de la pared, una pulida y perfecta armadura completa me esperaba. Miré a Rata con una sonrisa, y él me miró con otra igual... Bien sabía él que llevaba mucho tiempo intentando conseguir una, pero mi dinero nunca dio para tanto. Le pedí que me ayudase a quitarme la cota de escamas para ir colocándome la coraza, y entonces surgió el problema... Pero, ¿quién demonios había sido el herrero malnacido que había hecho esta armadura? ¿La había fabricado para elfos, o para algún guerrero escuchimizado? Desde luego no estaba preparada para alguien tan fornido como yo. Bueno, puede que me sobre algo de barriga, y un par de kilos, pero no es para tanto... Afortunadamente, pensé, ancharla un poco en el herrero de Robleda saldrá más barato que comprar una armadura nueva. Así que dejé la armadura donde estaba, pensando en cómo cargarla en Francis para llevarla de vuelta al pueblo.

Volví a colocarme la cota de escamas, y seguimos avanzando por el pasillo. Vimos a lo lejos tres puertas en el lado derecho del pasillo, y una cercana a la izquierda. Supusimos que, como no habíamos escuchado nada, y nadie había salido de esa estancia tras el barullo que habíamos organizado, se encontraría vacía, pero por si acaso tomamos nuestras habituales precauciones. Me coloqué a un lado de la puerta con el arma preparada, mientras Rata abría la puerta y miraba que había dentro. Se metió en la habitación sólo para salir corriendo de la misma unos segundos después… Estaba claro que algo o alguien había por allí, así que me preparé… Poco después dos figuras encapuchadas salieron a su vez de la estancia persiguiendo a Rata y sin verme. Aproveché para golpear a una de ellas, que cayó al suelo de la misma y no volvió a moverse. La otra figura se giró de inmediato y me atacó con una maza y una fuerza inusitada, desplazándome de donde estaba de tal manera que acabé golpeándome con la pared y sufriendo un dolor en el costado que no recordaba hacía tiempo. Rata, aprovechando que le daba la espalda, atacó como un relámpago, y le clavó su espadita en la espalda. El encapuchado gritó de dolor. Sonreí creyendo que estaba a puto de caer, pero en vez de eso se giró y dio otro terrible golpe en dirección a Rata, que milagrosamente esquivó. La oportunidad de acabar con él estaba a mi alcance, podía atacarle por la espalda mientras estaba distraído con Rata... Como siempre, todo fué al revés en el momento más crítico... en vez de golpearle, la cinta de la maza se rompió, la empuñadura se resbaló de mi guante y mi maza voló unos cuantos metros hacia la oscuridad… Era ya lo que me faltaba. Rata y el hombre seguían combatiendo como si yo no existiera… Para lo útil que iba a ser a partir de ahora… ¿Qué podía hacer? Pues lo mismo que con los Kobolds, pensé. Agarré mi escudo con las dos manos y me propuse atizar a nuestro enemigo… Un golpe atroz, que hizo que la parte de abajo de mi escudo se astillase, sacudió al encapuchado de tal forma que creí que lo había vencido. Para mi desgracia, no fue así en absoluto, y el extraño personaje se giró y comenzó a recitar una letanía en voz baja en mi dirección… Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y… ¡¡¡nada más!!! No pasó nada, la magia no había hecho efecto en mí, así que, mientras Rata seguía intentado dañar al ser por su lado, yo continué golpeándole con mi escudo. Todo era infructuoso, su agilidad era notoria y esquivaba una y otra vez nuestros envites… De nuevo, pero esta vez en dirección a Rata, volví a escuchar la tonadilla que indicaba que un hechizo iba a ser lanzado. Rata, con un grito, huyó del lugar, poseído por un terror antinatural, y allí me quedé solo ante lo que supuse que era un clérigo maligno. Se giró hacia mí, y sonrió de forma macabra, mientras cogía su maza con las dos manos, dispuesto a acabar el combate de una vez y de un solo golpe…


Este brebaje transparente que me ha puesto el posadero, bueno, el quinto que me ha puesto para ser más exactos, me está confundiendo la mente, y mi propia letra se nubla ante mí… Las palabras parecen danzar una exótica danza ante mis ojos… Creo que es mejor que me eche a dormir… Ya continuaré con el relato en otro momento… Ya no queda mucho… Aunque ya os imaginareis que tanto Rata como yo salimos de aquel lance con vida… La verdad es que soy un pesado, escribo demasiado, al igual que le pasa a un buen amigo mío, mi capacidad de síntesis es escasa… Apenas puedo mantener los ojos abiertos… Creo que no voy a llegar ni a mi habitación… Quizás descanse aquí mismo un rato… Sólo cerrar los ojos unos minutos… Sólo un par de minutos… un par de min…